Autora : Daniela Trujillo Foto : Calle 9+1 Si queda alguna imagen de la pandemia para la historia es la de la puerta cerrada. Vimos puertas cerradas en todo el mundo. Desde las tiendas de alimentos más pequeñas, hasta los edificios más enormes de las capitales: casas y hoteles, pasando por aeropuertos, terminales y fronteras. El planeta entero se convirtió en un diálogo interior, y nos adaptamos a una forma de vida donde lo individual cobró mayor importancia. Un vacío notable de esta nueva realidad fue el de espacios dedicados a la cultura y la fiesta. Sitios que pasaron a ser la última preocupación durante ese periodo. Según la Evaluación de impacto del covid-19 en las industrias culturales y creativas, realizada por Mercosur, la Unesco, el Banco Interamericano de Desarrollo, la Secretaría General Iberoamericana y la Organización de Estados Iberoamericanos, durante el segundo periodo de 2020, la industria creativa latinoamericana registró pérdidas del 80 %. Junto a eso, se perdieron 2.6 millones de empleos y se cancelaron el 83 % de eventos en la región. Colombia registró en ese entonces más de 7,300 espacios completamente cerrados al público, entre museos, cines, salas de concierto, galerías, teatros, librerías, bibliotecas y otros espacios de
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